ser padres

Ser padres no es tarea para todos los hombres

Las madres ven cómo sus maridos evolucionan día a día en este rol. Una mamá nos cuenta cómo ve a su marido transformarse en padre sin darse cuenta.

Cambiar su nombre por “papá” fue la parte más fácil de la transición de mi marido a convertirse en padre.

Dice que la paternidad es algo tipo “dale que va, ya te va a salir”.

Para un padre resulta intimidatorio ver lo rápido que la mamá conecta con el bebé, incluso en la panza. Los papás no tienen la ayuda de las hormonas y las emociones maternales que afloran al momento del parto. Los papás lo viven diferente: tienen miedo de que se les caiga el bebé o de decir algo malo.

Mi marido trató de encontrar su lugar entre la teta, la hora del baño, los pañales, los momentos en brazos y las selfies entre mamá y bebé. Y yo, con lo agotada que estaba, tenía las riendas muy fuerte y temía que mi marido no pudiera hacer todo lo que yo hacía de la misma manera. Ese fue mi primer error.

Tenía que entender y respetar que su relación con nuestra hija no iba a ser la misma que la mía, empezando el cambio de pañales.

Los primeros meses su relación se reducía a mamaderas, pañales, caritas y bailes por la casa.

Cuando nuestra hija empezó a gatear, él le ponía objetivos y obstáculos, le hacía cosquillas y le hablaba como bebé. Cuando empezó a caminar, le hacía caballito, se ponían los mismos anteojos de sol y se reían de sus peinados.

Empecé a ver cómo venía la mano: papá es divertido.

Aun ahora, la vuelve loca antes de dormir y tienen juegos especiales que son de ellos dos.

Sé que suena como una relación ‘policía bueno, policía malo’ entre mamá y papá, pero no lo es. Él la puede hacer dormir la siesta en menos de cinco minutos solo con una mirada y, si nos está probando, mi marido pone su voz de padre severo para que se calme. Y ella lo escucha.

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